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Bienvenidos al blog de Natàlia Perarnau

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Cuando jugar es aprender

¿Cuántas veces habrás preguntado a tu hijo de pequeño: “¿Qué has hecho hoy en el colegio?” ¿Y cuántas veces su respuesta habrá sido: “¡Jugar!”? Y de repente, cuando te empiezas a preocupar, el niño se lanza a leer, a sumar o te responde en inglés. Dime ahora cuál es la mejor manera de aprender, si no es jugando pasándolo bien, sin darse cuenta, dejándose llevar… No es lo mismo aprender matemáticas con juegos que con fichas que usan un lenguaje técnico y lógico para el que los niños todavía no están preparados y que se aleja de su mundo natural.

Porque jugar no es solo pasarlo bien. Jugar también es sinónimo de descubrir, experimentar, conocer, explorar e interactuar. Con el juego se activan y se perfeccionan habilidades motrices, cognitivas, afectivas y de relación con el entorno y con los demás.

El juego fomenta la creatividad y estimula la curiosidad de los niños. La naturaleza nos empuja a jugar y, por lo tanto, al aprendizaje. Hay unos años en los que los niños solo juegan, y así es como debe ser. Es la forma más natural y efectiva de conocer y reconocer el entorno, de aprender en mayúsculas. Nuestra tarea es ofrecer a nuestros hijos espacio para el juego y favorecer la adquisición de hábitos y un grado de autonomía cada vez mayor a medida que crecen.

El juego colectivo en la escuela enseña a trabajar en equipo y facilita el aprendizaje cooperativo. El hecho de ir superando todos los retos que plantea el juego hace que los niños vean el resultado de su esfuerzo y se motiven para seguir “jugando”. 

El otro día alguien decía: cuantas menos cosas haga un juguete, más cosas harán los niños. Y tenía toda la razón. Un ejemplo rápido: mientras tú te rompes la cabeza para encontrar el juguete ideal, los niños se entretienen con una botella de plástico. El juego es curiosidad y placer, es casi una actitud que requiere altas dosis de imaginación y motivación. Quizá se podría decir que es un instinto natural y tenemos que saber alimentarlo. Hagamos que nuestros hijos jueguen, que imaginen y crezcan sin perder interés en ello. Por todo ello te animo a que nunca dejes de jugar. ¡Yo no lo haré!

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